lunes, septiembre 15, 2008

Los ojos del judío


No sé si sabes lo que me dijo el rabino, que la humanidad hace tiempo que se cayó de la vida por el otro lado, y se dió un costalazo tan brusco que todavía anda despistada. También me dijo que los templarios no buscaban a la Magdalena, ni el Cáliz, ni la Menorah del templo, ni el Arca de la Alianza, que en realidad sólo buscaban la horma de su zapato, y la encontraron en Etiopía, frente a una columna donde se les apareció el Cristo, y ahora hay allí un retrato que pintaron los etíopes para conmemorar la cosa, y delante está escrito aquello de Sator Arepo. Y me dijo que siempre buscamos tesoros, pero los buscamos hacia afuera en vez de hacia dentro, porque hace mucho tiempo que perdimos el norte, y no sabemos que, en realidad, donde se está mejor es en el sur. Ah, y que no somos mala gente, a pesar de todo.

miércoles, julio 16, 2008

Vas a Ventura




Siempre me lo decía, "vas a Ventura", mi hermana Marina, cada vez que, sin querer, rompía algo, por puro despiste. Era muy despistado, y siempre se me caía todo, se me rompía todo. Y Marina, para hacerme rabiar, se lo decía a Ventura. Pero Ventura era un bendito, un alma de Dios, y nunca me reñía. Bastante tenía ya, el pobre, con dieciocho años, cuidando de nosotros, con siete. Pero lo hacía bien. No faltaba nada en la mesa, ni un detalle, aunque la tortilla muchas veces se le pegaba, y la carne solía estar muy seca, y la verdura algo cruda. Pero Marina y yo no decíamos nada. Tampoco podíamos comparar. Yo, al menos, ya ni me acordaba de cómo había cocinado mi madre, ni de lo bien o mal que mi padre solía poner la mesa. Ventura sí se acordaba, se notaba, y por eso se quedaba a veces con la mirada muerta, detrás de las gafas, y sus ojos grises se veían entonces opacos. Pero entonces nos miraba, serio , y poco a poco una sonrisa triste se le iba dibujando en los labios hasta hacerse franca, abierta, y entonces nos decía: "Venga, a comer".

lunes, junio 23, 2008

Satan oscillate my metallic sonatas

Parece que fue el griego Sótades quien descubrió esto de los palíndromos. Complicado y curioso juego. Y cuando ya mirábamos sin asombro alguno cómo daba arroz a la zorra el abad, descubrimos que "la ruta nos aportó otro paso natural", o que un vendedor de jabón es un "saippuakauppias" en finés. Pero el más bonito es ese palíndromo latino, el que nos habla del sembrador Arepo, que guía con destreza las ruedas: Sator Arepo tenet opera rotas. ¿Qué tiene de bonito? Vamos a escribirlo en cuadro:

SATOR
AREPO
TENET
OPERA
ROTAS

Anda, mira, si se lee igual en horizontal que en vertical! Y además, parece ser un mensaje en clave de un grupo marginal de la época: Ordenando las letras de otro modo, se leen dos Pater Noster. Claro que sobran una A y una O... Alfa y Omega?

jueves, junio 05, 2008

La importancia de llamarse Maya













La señorita
del traje a rayas
lirios y nardos
polinizaba.
Vuela que vuela,
la rosa blanca.
Zumba que zumba,
dalia morada.

"Si crece el campo
es por mi gracia.
Sin mis mercedes
no corre el agua".
Y dice el campo:
"¡Qué pretenciosa!"
Y dice el río:
"¡Y qué chistosa!"


En su colmena,
la noche en calma,
su mente en blanco
ve dulces bayas.
No tiene vida,
no tiene alma,
la señorita
del traje a rayas.

lunes, mayo 12, 2008

Kyrie, eléison


Con el alma pendiente del único hilo que la vinculaba ya al cuerpo encogido y medroso, tratando de seguir ahí para no caer en el vacío, mi vida pasaba, en imágenes sueltas, ante mis ojos. Apenas recuerdos, tan solo sensaciones; sabores, olores, impresiones. El miedo y la angustia apoderados de mi ser, habían dejado ya sin fuerzas a mis huesos y mis músculos, y mis tendones, y todos mis miembros. Lo único que quedaba ya era abandonar la lucha, y dejar que todo fluyera suavemente. "Christe, eléison", le hablé de nuevo, como antes. "Sé que no estás, que no me escuchas. Pero ven. Sé que no tiene sentido, que es imposible. Pero te necesito. Necesito que tú lleves mi carga. No puedo sola. Kyrie, ayúdame". Fui deshojando la letanía. Ora pro novis. Las palabras ancestrales pesan, sólo por haber sido repetidas millones de veces durante millones de años, tal vez. Reconfortan. Y el alma sintió aquel bálsamo restaurador. "No estás sola". Lo estoy, pero no importa. Confío en ti.

viernes, mayo 09, 2008

La hoguera


Era como si todos viviéramos en casa de todos. Las puertas abiertas, y tanto daba merendar en casa de la señora María que pasar la tarde en casa de Antoñita. Los descansillos eran como un infinito laberinto por el que nos perdíamos todos los chiquillos de la escalera, jugando al escondite o a la peonza, o a los cromos de picar, con las manos llenas de purpurina. Recuerdo las risas. Todos reíamos siempre, menos las madres, que siempre se quejaban de lo caro que estaba todo, de lo dificil que era vivir, pero pagaban puntualmente el alquiler, y nunca faltaba buena comida en la mesa. Nadie se preocupaba demasiado de ser el mejor, ni de demostrar nada. Nadie soñaba siquiera con comprar una casa, ni con tener un coche. Se podía ir en tren. Lo único importante era salir pronto del trabajo para poder observar la colección de mariposas disecadas, o el partido, que hoy juega el Getafe. Lo que importaba era estar todos a la mesa. Y blablabla, y que si esto, que si aquello. Y en San Juan, hacer la hoguera más grande del barrio. Organizar una verbena en el terrado, con la señora María, y Antoñita, y todos los chiquillos. Y el señor Pepe, el marido de Soledad, la gorda, cuyas piernas se juntaban desde las rodillas, compraba al menos dos duros de petardos, y los atábamos todos juntos, y los encendíamos, y nos tapábamos los oídos. Y la hoguera subía y subía, y casi se podía tocar desde arriba.
Decía el poeta que cualquiera tiempo pasado fue, a nuestro parecer, mejor. No sé si es sólo nostalgia, pero creo que no. Creo que ahora estar juntos a la mesa y reir es lo que menos importa. Y nadie entra sin llamar a casa del vecino. Ni llamando, de hecho, porque nadie conoce a su vecino. Y todo es trabajar y pagar, y da igual si juega el Getafe. Y los niños se crían solos ante la tele, o conectados a internet. Y ya nadie hace hogueras, porque el Ayuntamiento las ha prohibido.

martes, marzo 04, 2008

La boca del lobo


Caminando como siempre de puntillas sobre la linde que separa mi bien de mi mal, pensando sin pensar de nuevo, con esa paz neutra que da la saturación de sensaciones, miré hacia el cielo nocturno, y tan sólo vi la muerte mirándome con su cara de niña anoréxica, sacando de su mangajal la romana y poniendo en uno de sus platos todas mis lágrimas, mis risas, todo lo que he pensado, dicho y hecho en nombre del amor bien entendido, sin cobardía, sin inercia, tan solo por aquello que me ha rebosado del corazón, y en el otro plato mis mezquindades, mis miserias, mi estúpida obstinación en no ver ni oir, mis egoismos y mi inconsciencia, y me pregunté si entonces, como ahora, las estrellas me devolverían la sonrisa.

jueves, febrero 21, 2008

Hormigas


Sólo duró un instante, pero al mirar hacia el interior de la ventana pude recordar con toda claridad la sensación. Llegar a casa por la noche, a aquel cajoncito infame a pagar en cuarenta años, de cincuenta o sesenta metros cuadrados, a lo sumo, con un poco de suerte, y sentarse en el comedor, a la mesa mejor que en el sofá, bajo la luz mortecina de una lámpara que se esforzaba en expandir la luz muy lejos de los trescientos mil kilómetros por segundo que se le suponían, que bastante trabajo tenía ya para encenderse. Poner la tele, a ver qué dan, y recordar en pocos minutos que había que hacer la cena, y levantarse para ir a la cocina. Felicidad. Placidez. Esa sensación de seguridad que da al ciudadano saberse respirando, llorando, riendo y haciendo el amor sobre la cabeza del vecino de abajo, que a su vez se desespera, se ilusiona, vive y muere sobre la cabeza de su vecino de abajo, que a su vez...
El cajón parece no permitir respirar, pero alberga cientos de vidas que sí respiran, que sí palpitan. Sus ojos encortinados se abren sólo a veces, no para permitir que entre la luz, sino para que salga, para que ilumine la calle con la triste alegría que da lo cotidiano, lo sencillo, lo familiar. La sonrisa se dibuja en el rostro que me devuelve la mirada desde la ventana, tan arriba, para enseguida dar un paso atrás y dejar caer la persiana con un cierto aire de suficiencia.

lunes, febrero 11, 2008

Piedras

Regreso al barrio muchos años después. Camino, miro, busco. El olor a cerrado, a piedra vieja.
Todo ha cambiado, pero no lo veo; las calles son más diáfanas, pero yo sigo viendo los angostos túneles de mi niñez, por los que me afanaba ("date prisa..!") para no llegar tarde al colegio. El colegio. Apenas puedo creer que ese edificio tan pequeño, vetusto, olvidado, fuese el lugar al que acudía a diario con mis hermanos, allí donde sucedían tantas cosas, encuentros y desencuentros, el sentimiento de abandono, de estar perdida, amigos, enemigos, maestros lejanos de los que apenas se podía conocer el nombre, pequeñitos al fondo de la clase, con su voz meridiana por encima del murmullo constante de las nuestras, cantarinas e infantiles. Verlo ahora desnudo, ruinoso, solo. No me acerco. Voy por otro camino hasta mi casa. Mi casa. Qué pequeño el portal. Toda la casa está diferente, pero el portal es el mismo. Ya no está el callejón que separaba mi casa de la contigua, donde se escondía mi hermano para esperar a sus enemigos y mantener una nueva pelea, el callejón por donde se tiró aquella loca y se mató, y su sórdido fantasma nos hacía pasar a mi hermana y a mí corriendo por delante, apenas mirando adentro un momento, con el temor de la mujer de Lot. Ya no está la tienda, ni la anciana que se sentaba en la puerta de delante y nos miraba sin vernos. Pero la plaza sigue ahí, y el bar, y tantas otras cosas. La ciudad sigue siendo la más hermosa del mundo, a pesar de los pesares. Y la niña que fui me sigue saludando desde la azotea, moviendo su manita y sonriéndome, con su falda ínfima y sus dos coletas, como magníficas escobas.

miércoles, febrero 06, 2008

What a wonderfull world


Podía mirar hacia el cielo sin más. Libre al fin de la carga de la vida, de los recuerdos. De los hijos ingratos, de los seres queridos que se fueron y se seguían yendo. De la nostalgia por aquella mujer a la que cualquier hombre que tuviese sangre en las venas se giraba a mirar, soltando un requiebro castizo ante el balanceo hipnótico de sus caderas, tan rotundas e incontestables. Aquella a la que jamás se le ponía nada por delante, que podía con todo, como un animal de carga inteligente que no sólo arrastraba, sino que organizaba, construía, tocaba con su varita mágica todos y cada uno de los rincones de su vida, de su casa, de todo cuanto estaba bajo su manto, y le daba vida. Aquella que, por dar, se olvidó de quedarse con algo para sí, y un día vió que lo había perdido todo sin darse cuenta. Y por eso fue borrando, uno tras otro, todos los recuerdos que su memoria se empeñaba en almacenar. Y al fin lo logró. Había soltado toda su carga, y con ella todas las amarguras, y todas las barreras de su alma. Y podía mirar hacia el cielo sin más, y sonreir pensando en el suave calor en su cara.

Requiem


Tomaré mi corazón entre mis manos, lo acercaré a mi boca y lo calentaré con mi aliento. Se sentirá así ligero y suave, y tendrá ganas de dormirse y de soñar. Acariciaré mi piel y abrazaré mi cintura, y sonreiré feliz. Abriré los ojos, y la herida salvaje del sol hará que los cierre con el regocijo de sentir. Dejaré que la primavera haga nacer la vida en mi cuerpo y en mi alma. Caminaré sola, con la mirada fija en el horizonte que salta hacia mí a la vuelta de la esquina. Y veré el Miedo y la Muerte alejarse, diluirse, perderse. Respiraré, y mi cuerpo flotará, lleno de oxígeno, y ya no habrá nada, salvo el ángel que me mira.

viernes, enero 25, 2008

El idiota


No tenía ojos, ni labios. Sólo orejas, y apenas se veían. No había en su cara nada que hiciese pensar en sentidos, ni en sentimientos. Era un hombre igual. Como todos los demás. La misma raya a un lado de la estrecha cabeza, con la misma ropa cortada por el mismo sastre, con los mismos hijos en el mismo colegio. Se las había arreglado para que cinco años de carrera y cuatro de estudios superiores no dejasen mácula alguna en su perfecta cobertura de estulticia. Era como si fuese capaz de recibir y retener ciertas informaciones sin que estas conectasen entre sí, y sin que su cerebro se viese afectado por ello. Su mujer también era igual. Delgada, con cara de asco ante cualquier cosa, animal o ser humano, también con la misma ropa, las mismas botas de tacón alto, el mismo peinado cortado igual, con el mismo tinte. La misma suficiéncia. La misma auséncia de sentimiento, de inquietudes. El miedo a la muerte, a la sangre, a todo lo que olía a natural, a real. El mismo desprecio por los pocos diferentes, por los libres. Horas blancas, fabricando seres iguales a ella, a él, a todos. Eso era seguro. Siempre había sido así. La inercia le hacía sentir que controlaba la situación. Todo está bien mientras lo haya estado durante generaciones. Si no palpita, no puede doler. Y un día, y otro. Y otro.

viernes, enero 18, 2008

Un vacío en la boca del estómago

Tantas veces sentida, saboreada u odiada, la vieja sensación se repite una y otra vez. No deja tragar, no deja dormir, no deja pensar en otra cosa. Ya sea por enamoramiento o por deseos de suicidio, ya por estar colgando sobre un abismo asidos apenas por nuestra mano a una piedra poco confiable, o por el simple deseo de caer como vampiros sobre aquello que sabemos nos saciará en cuerpo y espíritu, la sensación se repite una y otra vez a través de los años, pocos o muchos, buenos o malos. Y sólo algo nos deja siempre claro: que, para bien o para mal, seguimos estando vivos.

viernes, enero 11, 2008

De profundis


De profundis
clamavi ad te, Dómine;
Dómine, exaudi vocem meam.

Fiant aures tuae intendentesin
vocem deprecationis meae.

miércoles, enero 02, 2008

Aurora boreal


Las luces del norte, llamadas auroras boreales, son algo realmente maravilloso, algo poético, increíble, que cuando las ves en fotos como esta piensas: "Lo que se puede llegar a hacer con el Photoshop", pero no, las auroras boreales existen, aunque a veces cuesta creer que algo tan bello, excepcional, que parece sacado de un cuento de hadas, exista. Al principio, cuando las vi por primera vez en una foto, yo tampoco creí en ellas, pero es verdad, existen de veras. Cuando ves el cielo nocturno teñido de hermosos colores que parece que fluyen entre la oscuridad del crepúsculo, creeme, estás contemplando una de esas cosas maravillosas que parecen sacadas de un cuento de hadas pero que existen, una aurora boreal.
Judit

Respirando


Quería permanecer con mi nariz hundida en el huequito entre su cuello y su hombro, continuar respirando el olor de su piel a través del algodón de su pijama. No sabía cómo, pero tenía que retener ese aroma para siempre. Tiempo vendría, mucho antes de lo deseable, en que le tocaría sufrir, luchar, hacer esfuerzos de voluntad, demostrarse a sí mismo toda suerte de cosas, yo puedo, yo sé, yo soy capaz. Y en esas guerras nadie iba a poder estar lo bastante cerca. Pero ahora no. Ahora sus bracitos rodeaban mi cuello, mi cara notaba la calidez de la suya, y mi nariz, obstinada, continuaba respirando su olor. Respira, respira. Retén la sensación, el recuerdo. Nunca, nunca lo olvides.

viernes, diciembre 14, 2007

Ya no es Navidad


Hoy quiero hacerte un regalo. Algo cálido, suave y blando, que puedas tocar con las puntas de tus dedos fríos. Algo que te recuerde que, cerrando los ojos, todavía se pueden ver más cosas que con los ojos abiertos. Que te haga pensar en árboles frondosos (respira, nota su olor), en cielos azules que dañan la vista con su fulgor, en el viento fuerte en la cara, que despeina y no deja hablar, porque devuelve las palabras de nuevo. Algo que te recuerde que, a pesar de todo el decorado, de los tonos grises, de las luces de colores que se funden, de las bolas del árbol que se rompen, de las sonrisas pintadas, de las miradas vacías, todavía quedan sabores genuinos, corazones llenos, manos que se alargan. Y que basta con tomar aire para sentir cómo se hinchan los pulmones, cómo llega el oxígeno hasta los tobillos. Y basta con abrir los ojos para que la luz los ciegue y los llene de colores y de formas. Y basta con sonreir para que cualquier alma sola y perdida devuelva la sonrisa con generoso agradecimiento. Toma mi regalo, y ponlo allí donde siempre puedas verlo. Así, aunque no quieras, siempre recordarás que no todo es mentira.

lunes, diciembre 03, 2007

De la apariencia


Si miras de lejos, es porcelana. Hermoso rostro, frío, hasta hierático. En su perfección, es como si no dijese nada. Acércate. Puedes tocar la nariz, la boca. Se estremece bajo tu mano. Observa, deja que la sensación del contacto te llene. Piérdete en la mirada, en la suavidad. Entonces podrás ver el alma. Y el alma es mucho más hermosa que la forma, más que la textura. Desde entonces, siempre tocará la tuya, cada vez que te pares un momento a mirarla, cada vez que le des el tiempo suficiente, cada vez que, por un momento, te detengas y mires.

miércoles, noviembre 21, 2007

Navidad


Llega la Navidad
con sabor de mazapán,
de turrón, de mieles y de pan.

Vamos a celebrar
la familia en el hogar
nuestra Nochebuena una vez más,

con nueces, peladillas,
y un poquito de champán,

cantando una canción
que diga con mucha humildad

que aquí desde mi escuela
le pido a la humanidad

que reine la paz.

jueves, octubre 25, 2007

Sensaciones


Recordaba el olor a café en la casa del barrio viejo, y el lento despertar que me producía. Retirar despacio la ropa de mi cara, y sentir la nariz congelarse en el acto. No tardaba en llegar la madre, apremiándome a vestirme para no llegar tarde al colegio. Sus prisas, su parloteo rápido, como de estar eternamente enfadada con alguien o con algo. Levanta, vístete, me decía, mientras ella misma me ayudaba con los calcetines, con los botones, con las cremalleras. Un dolor infinito, casi irracional, cuando el jersey de cuello demasiado pequeño entraba por la cabeza, pegado a ella, y pillaba las orejas a contrapelo. Superado el principal obstáculo, el jersey seguía ciñéndose por los brazos y el cuerpo. Yo siempre pensaba que era justo eso lo que debía sentir un conejo cuando le arrancaban la piel, y así se lo hacía saber a la madre, que asentía sin oir, con la cabeza ya un cuarto de hora por delante del momento presente. Me hacía coletas. Una raya perfecta, desde la frente hasta la nuca, me dividía el pelo en dos porciones exactas, y cada una de ellas quedaba anudada a un lado de mi cabeza, en dos maravillosas escobas que yo me complacía en menear con orgullo, como un símbolo de exuberancia. El abrigo de paño, la falda ínfima, los calcetines largos. El olor a humedad, a piedra vieja, de la calle. La enorme puerta de madera deslucida de la escuela, la tromba de niños. La madre que sonríe. La madre que se aleja. Los ojos solos buscan, pero ya no encuentran.

viernes, octubre 19, 2007

Ojos


La curvatura del ojo humano es de cincuenta milímetros. Si miramos a través de una lente de igual curvatura, vemos las cosas del mismo tamaño, proporciones y aspecto que con nuestros propios ojos. Pero si la lente es de treinta y cinco milímetros, vemos a través de ella más pequeño y abombado todo cuanto miramos. Y yo me pregunto: Si el ojo humano tuviese una curvatura de veinticinco milímetros, lo que se llama ojo de pez, ¿tedría el mundo que conocemos el mismo aspecto?

miércoles, octubre 17, 2007

Por si me muero


Dios, sabiéndose el sumo hacedor de todas las cosas, y por tanto dueño y señor del tiempo, siente a veces la necesidad de ejercer ese despotismo característico de los que poseen un monopolio incontestable, y hace que un Mercedes se nos cruce por delante en la autopista, porque se pasaba la salida, y a saber dónde habría podido si no dar la vuelta, o que los oxidados bracitos de la arandela que sostiene ese tiesto de veinte kilos en la frágil baranda de un balcón cedan por fin, justo cuando pasamos, nosotros y nuestra cabeza, por debajo. Es por eso que os escribo a los que os amo estas líneas, para que no os quedeis demasiado desorientados si algo me sucede de repente.
Todos mis créditos gozan de un seguro que los pagará automáticamente, previo aviso a la compañía aseguradora, eso sí, antes de que pasen veinticuatro horas desde el siniestro, que las companías aseguradoras son muy miradas para estas cosas de los plazos, y es que uno no se hace rico así porque sí.
No os preocupeis tampoco porque vaya a faltaros mi amparo; sin duda tendreis a quién acudir para que os cuide y os proteja, que quien es digno de ser amado, como vosotros lo sois, invariablemente tiene siempre quien le ame.
Y si se os hace difícil no poder perder vuestra mirada en el fondo de la mía, y que no podamos ya sentir esa sensación de ahogo al no saber qué decir, porque no hace falta, porque los ojos y las manos y los labios lo dicen todo, tened presente que cuanto os di, con vosotros queda, y cuanto me disteis, conmigo me lo llevo.

martes, octubre 09, 2007

L


Un personaje especial. Un pequeño tributo desde aquí. Y un saludo a todos los otaku del mundo, que pronto nos veremos, como cada año, en el salón del Manga de Barcelona :)

Hablar por hablar


A veces, sin querer, nos sale una frase de esas que, nada más acabar de decirla, nos quedamos callados y soltamos un "Ooooh..." interior. Tan fascinados nos sentimos con nuestra propia genialidad. Otras veces nos damos cuenta, antes de acabar la frase, de la estupidez que estamos diciendo. Y entonces, sin saber qué hacer o cómo arreglarlo, seguimos hablando, con la esperanza de que nuestras propias palabras nos saquen del atolladero, así, motu proprio. La mayor parte de las veces nos limitamos a enlazar sonidos, sin prestar ninguna atención a lo que sale de aquello. Ausentes de nosotros mismos, ignorando que tenemos dos orejas y tan solo una boca, con lo que la madre Naturaleza trata de recordarnos constantemente que es mucho más importante escuchar que hablar, vamos encadenando vocablos, sin pararnos a pensar si matamos o espantamos. Y, a pesar de ello, continuamos sintiéndonos orgullosos de nuestra inventiva cuando consideramos haber dicho una genialidad , que por lo general se le pasa totalmente por alto a nuestro interlocutor, de quien esperamos una mirada de mudo asombro, o un asentimiento de cabeza. Ingrato, pensamos, y seguimos nuestro camino convencidos de lo listos, lo guapos y lo brillantes que somos.

lunes, octubre 08, 2007

Dentro del laberinto


Mires donde mires, una pared verde. Gira a la derecha, a la izquierda. Pasillos, paneles de seto, microscópicas hojas olorosas. Si las coges y las aprietas, después tus manos conservan ese olor a pino. Sigue, sigue. Camina. Si no paras, continuarás recorriendo pasillos, ahora más estrechos, ahora más anchos. Siempre las mismas paredes te barrarán el paso, siempre encontrarás un paso alternativo, a la derecha, a la izquierda. Siempre verde, siempre hojas, siempre nuevos caminos a ambos lados. El dédalo te traga. Te abduce, y nunca más puedes volver a salir de él. Sólo recuerda: si miras hacia arriba, el cielo sigue ahí. Salta.

martes, septiembre 25, 2007

Todo y nada


Mi compadre Lorenzo me envió días atrás una misiva corta y seca, como todo lo que él enviaba, pidiéndome que me acercase a su casa, que tenía un asunto sin importáncia que quería comentar conmigo. Cuando mi compadre hablaba de asuntos sin importáncia, se refería siempre a preocupaciones filosóficas sobre la vida y la muerte; cosas, en definitiva, que no tenían nada que ver con lo material de este mundo. Yo tenía que ir a solucionar algunos papeleos cerca de su finca en los próximos días. Por eso, y porque son más las cosas que nos unen que las que nos separan, me acerqué, después de arreglar aquellos asuntos míos, al pequeño porche de delante de su casa, donde, sabía, le hallaría sentado en el banco de la puerta, contemplando el bosque de enfrente. Me acerqué en silencio, y me senté a su lado. Sólo entonces, cuando supo que estaba ahí, mirando también el bosque, me dijo: "La nada ha invadido mi alma, viejo". Le miré sin atreverme a decir algo que le pudiera hacer sentir mal, pero no se me ocurría nada coherente. Así que esperé. "Pero no la nada, como quien dice, el vacío, no. La Nada de Nada". "¿Algo así como un agujero?", pregunté, sin atreverme a mirarle esta vez. "No, viejo. Un agujero es algo. Yo te digo que es la Nada. No sé explicarte; una Nada que, cuando la miras, es como si te hubieras quedado ciego". "Caramba, compadre. Y, ¿sabes a qué se debe esa necrosis espiritual?"- Ahora fue él quien me miró un instante, antes de volver de nuevo la vista al bosque. Unos segundos de silencio, y otra vez su voz cansada- "Es la vida, viejo. Se va. Y la amo, sabes. Pero se va. Y no hago nada por evitarlo, me abandono a su lento adiós. Como un torero, que ama al toro, pero lo mata, así hago yo con mi vida, que se va, y no hago por retenerla, y por eso se va más deprisa". "Compadre, el torero ama al toro, pero lo mata únicamente porque está dispuesto a dejarse matar por él. Así has hecho tú con tu vida; te la has bebido sin reservas, has amado, odiado, gozado y llorado, y te has sumerjido en ella, y ella al final acaba con nosotros, porque nosotros también la consumimos, y así es como tiene que ser". Mi compadre me miró serio. Después empezó a dibujar una sonrisa, que culminó en carcajada. "Viejo- me dijo-, dudo que nadie más tuviera conmigo la paciéncia que tú tienes. Anda, vamos a beber unos vasos de buen vino tinto, que la merlota de este año ha salido de primera". Y, sin más, entramos en la casa para brindar por estar todavía vivos.

martes, septiembre 18, 2007

Los largos sollozos de los violines de otoño hieren mi corazón con monótona languidez


A mí, el Grillo Loco de un parque de atracciones no me parecía el lugar más idóneo para citarme con un espía con objeto de compartir información. Pero las órdenes habían sido claras: "Ponte a su disposición", había dicho el baranda. "Nos interesa mucho esa información". Y ahí estaba yo, heroe de la resistencia francesa, sentado en el coche número catorce de aquella locura de atracción de feria. Dos viajes llevaba, con el consiguiente efecto en mi estómago, cuando se acercó al coche un tipo con gabardina y sombrero, se me quedó mirando con los ojos entornados, asintió con la cabeza, y se subió a mi lado. Así, disimulando. Cuando sonó la sirena y el aparato infernal se puso en marcha, sosteniéndose el sombrero y sin mirarme a la cara, me alargó un papel que yo guardé en mi bolsillo. Esperé a que me dijese algo, un mensaje en clave, una señal; nada. Con la mano en su sombrero y la otra agarrando la barra de seguridad, subía y bajaba conmigo en aquella vorágine de ruido y movimiento enloquecido. Entonces vi con espanto que, muy despacio, comenzaba a alzar las manos. ¿Nos habrían descubierto? ¿Estaría un agente enemigo apuntándonos desde otro coche? Mi compañero espía continuaba alzando los brazos despacio. Y, cuando los tuvo arriba del todo, se le pintó una sonrisa en la cara, mientras los otros brazos, los del Grillo Loco, cobraban mayor brío. Vi entonces que todos los usuarios del aparato estaban, al igual que mi compañero de coche, con los brazos alzados. En ese momento fui completamente consciente de lo absurdo de toda aquella situación. Como pude, saqué el papel de mi bolsillo, y sólo pude leer: "Cretino el que lo lea".

lunes, septiembre 17, 2007


Mucho tiempo sin vernos. Ninguna justificación; mil cosas pequeñas o enormes, pero da igual. Aquí estamos de nuevo, y aquí seguiremos, al menos de momento. De regalo de bienvenida, o de feliz regreso, un loto negro.

sábado, mayo 13, 2006

Desde el tren


Las imágenes se desgranaban deprisa ante sus ojos, a través de la ventana del tren. Del mar al interior, a la meseta, a las dehesas. Los encinares devolvieron a su corazón el gozo del regreso al origen, a la tierra madre. Otros lugares, otras costumbres, otros paisajes habían vivido con él durante los últimos tiempos. Quedaban atrás sus días de nómada, de extranjero. Pensó al marchar en el placer de conocer, de experimentar. Ahora, al regreso, descubría con felicidad lo reconfortante de lo conocido, y supo por un momento que no estaba tan solo ni era tan libre como pensaba; supo que, a pesar de los avatares, de las idas y venidas, tenía un lugar amado, hermoso, al que regresar. Y volvió a pensar en todo cuanto había dejado atrás. Sonrió con nostalgia, porque sabía que el mundo era suyo, que todo estaba ahí para él, pero que siempre, siempre, podría volver.

jueves, abril 20, 2006

Leitmotiv


Un enano de jardín; gorro rojo, ropas azules. El visillo sucio, medio caído. Las piedras no se mueven. Gravedad, materia. "Do you love me, John?" No se pueden mover, y por eso se oxidan. Y el oxígeno permite que les crezca musgo. "How much do you love me, John?" El musgo es verde. Verde y suave. Es agradable tocarlo. "As much..." Pisarlo con los pies descalzos, correr sobre él, tenderse en él. Dormir, soñar. Dejar que la mente vuelva, que regrese al origen, al cosmos, al Logos. Materia volátil, pensamiento ligero. Libre, libre, libre. "As much as my heart can love..." Desaparece, se fusiona en los entes gaseosos de la atmósfera. No muere; se transforma, porque es energía, y no se puede destruir. "As much..." Muere el cuerpo, muere lo orgánico, lo mortal, lo provisional. Y el mar sigue yendo y viniendo, y nutriéndose de ríos, y el musgo sigue creciendo en las piedras. Y todo sigue y sigue, y la materia no sigue, y se pudre, y desaparece. Y las mentes quedan desnudas, y flotan, y se elevan.

domingo, marzo 12, 2006

Cincuentonas


"Hay que ver lo bien que se conserva Madonna, eh". Sentado junto a mí en el bar donde solíamos hacer el vermouth los domingos, con su refresco en una mano y un palillo pinchando una aceituna en la otra, miraba embobado el televisor, mientras la sex-bomb desarrollaba sincronizadamente su última coreografía. "Sí, claro...", dije con una sonrisa de soslayo. "Es natural, cuando una no tiene más que hacer en todo el día que cuidarse y hacer deporte". Tan pronto hice esa pueril afirmación, me sentí mal conmigo misma. Se suponía que no debería yo sentir esa punzadilla a estas alturas, pero comprobé con dolor que aún me dolía que mi compañero admirase a otras mujeres. Abrí la boca para rectificar, pero la cerré al punto al escucharle decir "qué piernas..." "Ya ves, parece el Conan el Bárbaro ese". De nuevo me sentí mal, esta vez por dos flancos; por ser tan celosa e insegura; por el hecho de que él tuviera los ojos clavados en la pantalla. "Esa está operada", dije con una sonrisa triunfal. "Madonna operada...? Nooo...no lo creo". En ese momento, tuve una epifanía. Imaginé el busto de un encorbatado presentador de noticiero, diciendo: Interrumpimos la transmisión para informarles que Madonna acaba de sufrir una combustión humana espontanea... Dios mío. Qué mal estoy. Es guapa, me dije. Y talentuda. Guapa y talentuda. Puta, puta, puta...No, guapa. Es guapa... Entonces, vi que me miraba. "Te pasa algo, cielo? Estás pálida..." "No, no... nos vamos?". Y me levanté de la silla, preguntándome si Madonna tenía el mismo tipo de problemas, de complejos, de inseguridades. Y me dirigí a casa del brazo de mi compañero, pensando que nunca acaba una de madurar ni de conocerse.

viernes, febrero 10, 2006

La ciudad

Los zapatos se mueven, pero no suenan. Avanzan como fantasmas, produciendo la rara sensación de no emitir sonido alguno. La contaminación acústica es demasiado potente, y me deslizo por las aceras pensando que vuelo, como un fantasma. Una mujer me mira sin verme. El tráfico incesante, como un río ahora fluído, ahora de aguas quietas, pasa junto a mí. Gritos, sonido de claxon. Me aturde. Las personas caminan deprisa. No saben dónde van; muchas de ellas vuelven a casa. Pero corren de todos modos. La prisa se contagia. Un muchacho moreno, de cabello sucio, limpia cristales en un semáforo. Dos niños de uniforme se apresuran hacia la parada del autobús. La ciudad me abortó. Me expulsó de sus entrañas. No tenía sitio para mí, porque yo me detenía, miraba, contemplaba. Yo no caminaba siempre aprisa. Me detenía a mirar las arcadas góticas del barrio antiguo, los edificios modernistas del centro. Y me echó de su interior. Volver a ella es sentirse un extraño. La sensación de no pertenecerle, de no poder estar ya en su seno. Mis zapatos no suenan. La ciudad me abortó. Un bebé me sonríe desde su cochecito de paseo. Me detengo, le miro. Me pregunto si también huirá. Me voy, me escapo. La ciudad me expulsa de nuevo. Pero, si levanto la vista, el cielo sigue ahí.

viernes, diciembre 02, 2005

Perdonen que no me levante


A veces se pregunta uno por qué escribe, en lugar de telegrafiar sus puyas. No obstante, la escritura es algo del interés de todos. Fíjense si no en la importancia de los contratos por escrito. Uno los firma, y se acabó el problema. Se lee aquello de "la parte contratante de la primera parte será igual a la parte contratante de la primera parte", si no interesa se corta, se firma, y a otra cosa, mariposa. Sin embargo, imaginen el peligro de los contratos de palabra. Una vez hice uno con mi amigo Piccolini en Casablanca. Él tenía la más importante compañía allí existente de camello-taxis. El hombre gastaba una fortuna en chicle. Pues bien; me la jugó. Y es que la gente no tiene palabra. Ni siquiera los políticos. Sí, no se asombren; a pesar de lo que ustedes siempre han creído, los políticos no tienen palabra. Y sé lo que digo. He conocido muchísimos. Figúrense que yo bailé delante de Napoleón. Mejor dicho, fue Napoleón quien bailó delante de mí. Concretamente doscientos años por delante de mí. Y eso que era Napoleón segundo, el mejor. Porque es absolutamente falso eso que dice la gente de que nunca segundas partes fueron buenas; el otro día vi un partido de fútbol, y la segunda parte fue infinitamente mejor que la primera. Pero eso da igual, porque en el fondo, todo esto es una soberana tontería. A quién le interesan las cosas serias? A mí, desde luego, no. Pero seguramente a ustedes no les interesará saber lo que a mí me interesa o deja de interesarme. Así que no sé por qué me están ustedes leyendo. Hala, vayan con viento fresco a mirar la televisión, que ya conocen el camino hasta la puerta. Y perdonen que no me levante.

miércoles, noviembre 16, 2005

La madre de Schopenhauer


La tía Tula, inmortal personaje de Unamuno, reflexionaba para sí sobre aquel pasaje de los Evangelios en que Cristo es interrumpido en una de sus diatribas al llegar, según le anunciaba uno de sus apóstoles, su Madre y sus hermanos a visitarle. El Señor dijo en aquella ocasión que Él no tenía madre, que su Padre era Aquel que estaba en los cielos, y sus hermanos, los presentes. Pensando en estas palabras del Redentor, Tula, con una oscilación de cabeza y un chasquido de lengua, dijo aquello de "hombre al fin". De la misma manera, Schopenhauer negó a su madre, afamada escritora que le abrió no pocas puertas en su incipiente carrera filosófica, presentándole, entre otros don nadies, a Goethe. A pesar de ello, el bueno de Arthur no podía ver a las mujeres. Sin duda, un nuevo caso de niño malcriado, o simplemente no criado, que arremete contra aquellas a las que representa una madre, en ocasiones demasiado autoritaria, en otras demasiado consentidora. Son muchos los hombres que manifiestan irónicamente, siempre en presencia de otros hombres, su autosuficiencia y su nula necesidad del género femenino, la inutilidad de este, su maldad intrínseca y sus escasas capacidades, ante la sonrisa aprobatoria del resto de la masculina concurrencia. Digamos que da rabia depender emotiva y, sobre todo y ante todo, físicamente, de las compañeras que, en último término, suelen dirigir, en la mayoría de casos sabiamente, a la familia, la organización de la casa, la administración de esta, y satisfacer además los apetitos carnales de sus hombres, no siendo siempre, a su vez, satisfechos los propios. Amén de la mentalidad retorcida y las maneras caprichosas de la mayoría de mujeres, también es cierto que suelen ser los animales de carga de cada nucleo familiar, las espaldas sobre las que todo reposa, de manera invisible, sin que sea, en la mayoría de los casos, apreciado. Con su entrada al mundo laboral, la mujer a relegado al hombre a la sombra, puesto que suministrar a la familia de un constante flujo económico era ya la única función social que a este le quedaba. Ahora, el derecho al pataleo es lo que manifiestan esas sonrisas cómplices ante el intento de ridiculización que cualquier macho ostenta un viernes noche ante sus semejantes, tras la barra de un bar. Calma, señores. Nosotras les necesitamos todavía. No pierdan los papeles, que las relaciones entre sexos son, cuando poco, divertidas, y naturalmente necesarias. Permítanme que les despeine cariñosamente y les bese la mejilla, que son ustedes mu majos.

miércoles, octubre 19, 2005

Desmontando la casa


Poco a poco, nos fuimos marchando. Uno tras otro, crecimos, quizás demasiado... Dejamos atrás los recuerdos, miramos tan solo hacia el futuro que teníamos delante. Y un día, cuando ya no quedaba nadie, volví. Había que deshacer la casa. Cruzar aquella puerta me evocó al instante cientos de recuerdos; la entrada, de cuyo mueble me gustaba tanto registrar los cajones; el pasillo, con la luz de la ventana del comedor al fondo, pavimentado con aquellas baldosas antiguas, por el que mis hermanos y yo hicimos tantas carreras... Me asomé al cuarto de los trastos. Todavía permanecían ahí las estanterías metálicas que había instalado mi padre, para guardar cosas que sólo utilizábamos de vez en cuando. El baño, la cocina, el comedor. Miré por la ventana; la vista era ahora diferente. Edificios más modernos, más altos. Me senté en una silla del comedor. El viejo mueble enfrente, con la colección de dedales de mi madre; la reproducción del Pan de Dalí en la pared. Y por fin, mi cuarto. El lugar donde bailaba sola, donde había jugado con mi hermana tantas veces, a cualquier cosa. La cama en la que había empezado a soñar, con la vista clavada en el techo agrietado. Tocar. Respirar. Sentir. Apenas me atrevía a moverme, por miedo a que se rompiera el ensalmo. Mi pasado, mi niñez, mi juventud. Y ahora, romper con todo para siempre. Una lágrima, un suspiro. Un girón de mi alma pegado para siempre en aquellas viejas paredes.

domingo, septiembre 11, 2005

Piscinas


Me decía un amigo que nada le parece más anacrónico que una piscina en otoño. Cuando regresamos a las mangas, a los pantalones largos y a los calcetines, pasar junto a una piscina es casi ofensivo. Y es que hay pocos símbolos del verano tan a propósito como una piscina. Abandonar la idea del calor tórrido, del sol en nuestra cara, acostumbrarnos despacio a la bruma, y encontrar de pronto una piscina en nuestro camino, es lo más parecido a un insulto. En efecto, las piscinas fuera de temporada ofrecen una triste imagen. Es mejor, mucho mejor, ignorarlas, volver los ojos hacia la bruma e imaginar cuentos de duendes, de misterios, de barcos fantasmas. Y que esos otros fantasmas, los del verano, no nos impidan ver los castaños cargados de frutos, las hojas rojas y amarillas en los bosques, las setas que empiezan a asomar su sombrero y nos recuerdan que ya es tiempo de volver a comer caliente. Disfrutemos del sabor de nuestro tazón de caldo humeante, de nuestro edredón y de nuestras zapatillas, mientras regresa el tiempo de zambullirnos de nuevo en la piscina.

De besos


"Por una mirada, un mundo", nos decía Gustavo. "Por una sonrisa, un cielo. Por un beso...yo no sé qué te diera por un beso", continuaba diciéndonos. Y añadían los Café Quijano que mereció la pena tanto lustro de aprender a decir, con un simple beso. Parece que pocas cosas transmiten tanto. No será el contacto en sí, prosaico donde los haya. Dios sabe que es mejor no pararse a analizar lo que es un beso puro y duro. Y sin embargo, nada, absolutamente nada, resulta tan excitante, tan prometedor, tan apasionado o, en su caso, tan dulce como un primer beso. Y con nada se nos pone esa cara de bobos como con el recuerdo de aquel beso que nos cautivó. O con el anhelo de ese que tanto deseamos. Porque, como dice el adaggio, un suspiro es un beso que se piensa y no se da. Besémonos mucho, pues; que nadie pueda decir que la vida se nos ha ido en suspiros...

domingo, mayo 08, 2005

Soledad

La vida transcurre sin darnos cuenta, creciendo, riendo y llorando. Echando de menos muchas veces un oasis personal, un lugar donde permanecer, donde aletargarnos, solos. No vemos, casi nunca, la importancia de los afectos que le dan sentido. El calor de los demás, sus comentarios, sus miradas; las disputas y las reconciliaciones. Todo nos pasa inadvertido. Hasta que, un día, nos quedamos solos. Solos de verdad. Solos todo el día. Y es entonces cuando vemos que nunca antes lo habíamos estado. Entonces cuando añoramos las miradas y las disputas. Porque poco sentido tiene todo si no nos sabemos amados, rodeados de otras vidas que circundan la nuestra. Poco, muy poco somos solos. Muy poco, o casi nada. Y todo parece vacío y sin sentido, y es dificil levantarse por la mañana y ver pasar los minutos, interminables, y acercarse la noche, que tampoco acaba nunca. Mejor amar y que nos amen, mejor repartir y recibir. Mejor no estar solos.

viernes, abril 22, 2005

Es tradición de mi tierra, en estas fechas, que los enamorados se regalen rosas. Ahí os mando, pues, la mía, porque aunque una va por la vida de iconoclasta, en el fondo es una romántica y una cursi. Y es que no hay nada más bonito que atontarse con una mirada, a pesar del paso del tiempo y de todo lo que esta vida nos embrutece. Un beso, de todo corazón. Posted by Hello

jueves, marzo 31, 2005

Vestirse de foca

Alguien me dijo una vez que la máxima ambición de un tigre es tener un abrigo de piel de puta. La afirmación resulta menos contundente si tenemos en cuenta el sentido de la misma en toda su extensión.
Tiempo hubo en el que era necesario matar animales para guarecerse de los rigores del invierno, porque no había otra cosa, y porque el animal en cuestión era fuente de alimento y cubría otras necesidades primarias del hombre. Con el tiempo y la aparición de los textiles, las pieles pasaron a ser un lujo. Y más adelante, la conciencia social empezó a hacernos comprender que matar un animal para vestir a otro es, sencillamente, una salvajada. Pero esto no lo pensamos todos, por cierto.
Por un año más, asistimos al espectáculo que nos brindan los canadienses, tan civilizados ellos, de las matanzas masivas de focas. Hombres tapados hasta las orejas, posiblemente para que no les veamos la cara, acorralan a los pobres animales, que les miran con cara de no comprender nada, y les asestan una y otra vez golpes con un palo finalizado en cuchilla. El hielo ensangrentado, los millares de focas muertas sobre el blanco manto, hablan por sí solos.
Nos cuentan que las focas se comen el bacalao y el marisco, y que esta industria da de comer a muchos canadienses. Miren, no nos vendan la moto. No nos chupamos el dedo, saben. Ustedes tienen un país lo suficientemente adelantado como para poder tirar para adelante con actividades menos canallas. Hagan el favor. Espero de corazón que el bloqueo económico al que van a ser sometidos les haga entrar en razón. Y también espero que, por el resto de sus días, sueñen con los ojos de uno de esos animales, mirándoles asustados, mientras esperan el golpe de gracia. No voy a seguir escribiendo. Ustedes no merecen un segundo más mis palabras.

viernes, marzo 25, 2005

Sublimación

Mucho tiempo pasé observándole desde mi ventana. Sentada, asomada, veía su contorno incierto al principio, desdibujado, prometiendo formas definidas y seguras. Su silueta, cada vez más clara, dio paso a sus rasgos, a sus facciones, a su mirada. Y así nos mirábamos, hora tras hora, ventana con ventana.
Y los días empezaron a desgranarse como las cuentas de un rosario, y la mirada llevó al deseo, y el deseo al cariño. Y seguía pasando el tiempo despacio, imposible de retener, como un puñado de arena que, cuanto más cerramos la mano, más se va escurriendo entre nuestros dedos, hasta dejarnos con el hueco vacío, como si todavía estuviera allí.
Y llegó el día en que se decidió a traspasar el lindero que separaba nuestras vidas. Ese día amaneció radiante, con el sol enseñoreándose del cielo, de un azul turquesa que cegaba; todos los seres vivos parecían hermosos bajo aquella luz, como hermoso estaba él, parado en el umbral de mi puerta. Se alzó su mano, con la palma hacia mí y los dedos separados. Y la mía se alzó también, y se acercó a la suya despacio, y noté su contacto cálido, mientras mis dedos se empequeñecían al rozar los suyos. Nos quedamos así, mirándonos a los ojos, las manos tocándose apenas. Sus labios entreabiertos atrajeron entonces mi mirada, y los míos se acercaron despacio. Y cuando nuestros labios se acariciaron, una descarga recorrió mi espina dorsal. Di en ese momento gracias a mi dios por haberme permitido vivir hasta ese día, porque son muy pocas las veces en que la vida se desnuda para nosotros, y se nos insinua, y nos pide que la tomemos hasta derrengarla. Contadas las ocasiones en que nos sentimos tan vivos, tan completos, tan inmensamente dichosos. Y es por esos momentos por los que vale la pena pasar por todo lo demás, por ellos por lo que se dan por buenos todos los sinsabores y los malos tragos, porque uno solo de esos instantes, que a lo largo de la vida se repiten apenas un par de veces, nos clava en el cielo y nos hace comprender el sentido de nuestra existencia.
Y fui suya, y fue mío, y nada ni nadie hubiese podido impedirlo, porque yo había vivido para ver, junto a su cuerpo cansado, el amanecer del día siguiente.

lunes, marzo 14, 2005

El arcángel respondón

Nos cuentan que eran seis los arcángeles de Dios: Rafael, Miguel, Gabriel, Uriel, Ariel y Luzbel. Y mientras Dios andaba creando el mundo, las estrellas y todas esas lindezas, y toda la corte celestial observaba boquiabierta de admiración tanto talento, ellos seis, con mirada de autosuficiencia, aprovaban con la cabeza, con cara de póker, todo aquel despliegue de medios. Hasta que Luzbel, el chico contestatario, dio en llevarle la contraria, en empezar a hacer preguntas y sugerencias, cosa que irritó enormemente al Sumo Hacedor. Como castigo, el destierro, la ignominia. Y ahí le tenemos desde entonces, mareando, sembrando la duda en nuestra mente, haciéndose notar por doquier para goce de propios y extraños, dando lugar a toda suerte de leyendas y adoradores que le dedican ridículos ritos, porque jamás entendieron un pimiento de su naturaleza, de sus motivos.
Y todo está lleno. Colmado de gentes que se revuelven una y otra vez contra lo políticamente correcto. Niños respondones en forma de madre de Mayo, gritando justicia ante la Casa Rosada, o de pueblo llano manifestándose contra una decisión despótica de su gobierno, o de adolescente con rastas que decide no ducharse más. Lleno de personas que se plantean el sistema, que no quieren, que no tragan, que no están de acuerdo. Y muchos habrían de ser los dioses que les hicieran callar, que les desterraran, pese a su empeño, de este "paraiso" social tan cuestionable, de esta sarta de mentiras y de intereses creados, de todo este atrezzo que nos envuelve y manipula. Desde aquí, un beso a todos los caínes, luzbeles, y todos aquellos que me recuerdan cada día que no, que nada está escrito, que a los disconformes nos queda todavía un as en la manga.

miércoles, febrero 23, 2005


"Ya le digo, compadre. Era un golpe perfecto. El Chiquitín tenía ese amigo, un tal López, que trabajaba de contable en aquel banco de la Avenida..." Me miraba como desde otro planeta. Yo siempre me había preguntado qué había llevado a aquel hombre flaco, de elevada estatura y ojos achispados, hasta el escalón de mi casa donde siempre le encontraba sentado de día, tumbado de noche, entre periódicos. Hasta que decidí llevarle una botella de cognac y hacerle cantar de plano. "Sabía qué cuándo llegaba el furgón, y conocía todas las combinaciones; teníamos que ir a medias..." Su expresión era opaca. Hablaba moviendo tan solo la boca, sin hacer gesto alguno. "Yo había soñado con llevarme a mi Rosita a las Bahamas, o a algún sitio así, y pegarnos la gran vida... Ver todo aquello que nunca vi... Y parecía tan fácil..." Continuaba hablando, mirando sin ver el edificio de enfrente, donde alguna vecina limpiaba los cristales. "Le pillaron, viejo. Soltó todos nuestros nombres. Un montón de años en la cárcel, sabes..." Su mirada triste se perdió todavía más lejos. De pronto, una sonrisa afloró en sus labios, como en un tímido dibujo, y su mirada se iluminó. "Pero viejo", dijo "si llega a salirnos bien...". Posted by Hello

miércoles, enero 26, 2005

Enlaces

http://blogs.ya.com/particulasdeluz
http://sinemb.blogspot.com/


El invierno es para los acomodados, para los que prefieren ver la vida desde la ventana, junto al calor del fuego. Para aquellos que sonríen como gatos satisfechos mientras ven caer la nieve, imaginando el frío que hará fuera, cerrando los ojos con el corazón templado y el alma soñadora, que no imagina más horizontes que lo seguro, lo conocido... Posted by Hello

Y luego están los otros, los valientes, los que saben que la vida está esperando ahi fuera, en cueros, a que alguien vaya y la tome. Y salen, y sienten el calor del sol, y se sumergen en el agua hasta la cabeza sin preocuparse de cuánto aguantarán los pulmones, porque no importa, porque mañana es sólo un adverbio de tiempo... Posted by Hello

miércoles, enero 12, 2005

Con el agua al cuello


Bonita torre nos ha hecho en Barcelona la compañía del agua. Impresionan bastante sus dimensiones, sobre todo cuando uno sale del metro y la va viendo surgir, como por ensalmo, en toda su magnitud. Afortunadamente, no se les ha ocurrido a los constructores ponerle un aspersor en la parte superior, más que nada para hacer una mayor propaganda de la naturaleza del edificio. Los extranjeros, cuando la ven, deben pensar: "Un pais que tiene la corrida como fiesta nacional, y construye edificios como este, tiene que ser muy alegre". No es de extrañar que no nos tomen en serio... Posted by Hello

Cuando fumar no es un placer


Karim Sarkis, butanés, se echó las manos al bolsillo de la camisa. Nada. Con cara de fastidio, cogió las llaves del coche, algo de dinero, y gritó eso de "me voy a por tabaco". En la cocina, Yaiza Sarkis casi se corta una mano con el cuchillo de pelar patatas. ¡A por tabaco! Eso quería decir a la India, o a la China, porque claro, en el Bután está prohibida la venta y consumo de cigarrillos, y el que quiere comprar ya sabe la excursión que le toca. Desde luego, Karim no estaría en casa antes del desayuno...del lunes de la semana siguiente.
A bastantes kilómetros de distancia, en Italia, Valeria Rossi se sentaba en un bar ante su capuccino. Totalmente absorta en la lectura de Il corriere de la sera, no se dió cuenta del acto inconsciente de echar mano al bolso y tomar un cigarrillo. Mientras este colgaba de sus labios, mechero en mano, algo le llamó la atención: el silencio sepulcral que se acababa de formar a su alrededor. Miró en torno, para descubrir las miradas de sesenta usuarios del bar clavadas en ella. Cierto; en Italia ya no se permite fumar en los bares.
Una de las mayores paradojas de nuestro siglo es un paquete de cigarrillos. Uno le da la vuelta y lee eso de "mezcla de tabacos de gran calidad, que aportan el genuino placer de fumar", y dos milímetros más abajo, "las autoridades sanitarias (quienes serán?) advierten que fumar produce ceguera, sordera, y que la pilila se cae a cachos". Bien, piensa uno, señoras autoridades sanitarias, no se puede hacer que la gente entre en el cielo a golpes de cruz. No me lo vendan, o callen para siempre. No vi en mi coche, cuando lo compré, ningún cartel de "conducir a más de 120 puede producir tetraplegia galopante", o en las botellas de ron algo como "el alcohol produce cirrosis". Y, lo que es peor, jamás leí etiquetas de advertencia en los paquetes de carne envasada, del tipo "este pollo ha sido alimentado con unos piensos que vaya usted a saber qué producen, pero seguro que nada bueno".
Yo les propongo una cosa, señoras autoridades sanitarias: Dejen de consentir los piensos cancerígenos, los productos tóxicos en todo lo que comemos y bebemos; que no se fabriquen coches que corran a más de 120, y claro, obliguen a los fabricantes a que el tabaco sea eso, tabaco, nada de alquitranes, hidrocarburos y cicuta. De ese modo, aumentará nuestra calidad de vida, y podremos comer, beber y conducir tranquilos. Y fumar volverá a ser, únicamente, un placer. Posted by Hello

lunes, enero 10, 2005

Mykonos


Cuando Ulisses decidió volver a Itaca, más que nada porque ya no había guerras ajenas que ganar, pasó por aqui, por Mykonos, y en este barrio de La Escala estuvo comiendo pescado, bebiendo vino de retzina y bailando sirtaky. Luego le fue a Penélope con el cuento de Circe y sus cerdos, de Calipso, que era una mala bruja, y todo eso. Penélope, que era una bendita, se lo tragó todo. Ella con su hilo y tal, haciendo y deshaciendo, y él de fiesta gay. Pero no os dejeis engañar; fue como digo. Yo lo sé porque estuve allí, y vi una inscripción en la pared de una fachada antigua que rezaba: "Odisseos was here"... Posted by Hello