Miró hacia la colina y sólo pudo ver su espalda enorme alejarse sobre sus pasos desmañados. Aquello no podía estar pasando; habían caminado, comido, dormido, reído. Habían visto de cerca la vida y la muerte, habían soñado. Habían caminado de la mano por montes, senderos, valles. Siempre con los ojos del otro clavados en la nuca; siempre sabiendo que estaban ahí, esperando a reflejarse los unos en los otros. Habían llorado, cantado y bailado; habían plantado cara a la guadaña una y otra vez, y lo habían hecho por amor. Con el corazón lleno, sin pensar en nada más, dándo cuanto tenían en cada sonrisa, en cada verso. Y ahora se iba. Así, sin más. Quién sabe si con una lágrima cayendo de sus ojos. Dándole la espalda y caminando sin parar, dejando atrás el valle en que ella había crecido, sabiendo su mirada clavada, una vez más, en sus anchos hombros, en el infinito vacío que él dejaba, que iba creciendo y creciendo a cada paso que los separaba. "Volveremos a vernos", le dijo. Y qué. No quiero que volvamos a vernos. No quiero quedarme sentada esperando, sabiendo que nada ni nadie podrá correr conmigo tanto camino, que no hay cristiano capaz de hacer por mí lo que tú has hecho. ¿Crees que podré conformarme con menos, cretino? Y tú, ¿podrás? ¿Serás capaz de mirar de frente a una que lloraría y se vendría abajo ante el menor contratiempo? No, no podrás. Volveremos a vernos. Y qué. Te quiero aquí, conmigo. A mi lado, no importa donde. Contra el mundo, contra todo y contra todos. Te quiero aquí.
lunes, septiembre 09, 2013
Alejarse
Miró hacia la colina y sólo pudo ver su espalda enorme alejarse sobre sus pasos desmañados. Aquello no podía estar pasando; habían caminado, comido, dormido, reído. Habían visto de cerca la vida y la muerte, habían soñado. Habían caminado de la mano por montes, senderos, valles. Siempre con los ojos del otro clavados en la nuca; siempre sabiendo que estaban ahí, esperando a reflejarse los unos en los otros. Habían llorado, cantado y bailado; habían plantado cara a la guadaña una y otra vez, y lo habían hecho por amor. Con el corazón lleno, sin pensar en nada más, dándo cuanto tenían en cada sonrisa, en cada verso. Y ahora se iba. Así, sin más. Quién sabe si con una lágrima cayendo de sus ojos. Dándole la espalda y caminando sin parar, dejando atrás el valle en que ella había crecido, sabiendo su mirada clavada, una vez más, en sus anchos hombros, en el infinito vacío que él dejaba, que iba creciendo y creciendo a cada paso que los separaba. "Volveremos a vernos", le dijo. Y qué. No quiero que volvamos a vernos. No quiero quedarme sentada esperando, sabiendo que nada ni nadie podrá correr conmigo tanto camino, que no hay cristiano capaz de hacer por mí lo que tú has hecho. ¿Crees que podré conformarme con menos, cretino? Y tú, ¿podrás? ¿Serás capaz de mirar de frente a una que lloraría y se vendría abajo ante el menor contratiempo? No, no podrás. Volveremos a vernos. Y qué. Te quiero aquí, conmigo. A mi lado, no importa donde. Contra el mundo, contra todo y contra todos. Te quiero aquí.
miércoles, agosto 07, 2013
Puzzle me
No es como si existiera un lado oscuro y otro de luz, ni como si todo hubiera de ser blanco o negro. Hay dos mundos, o quizás muchos más. La cuerda floja existe, pero nunca me gustó y siempre me sentí como si mis pies precisaran un suelo firme que pisar, como si fuera totalmente necesario ser de uno u otro lado (creyente o ateo, blanco o piel roja, de Sega o de Nintendo). Me pasaste a ese lado oscuro sin pedirme permiso y ahora vago como un alma en pena entre esas dos realidades; la de amaneceres con sonrisas y caricias y la de noches en vela; la de la piel y los nervios y la del temple y la imaginación; la de la sangre caliente y la del caminar cordial al atardecer. A mi pesar, en contra de mi corazón, he descubierto ese nuevo espacio y por él camino, como un funámbulo que pasa sobre una cuerda de acero en suspensión sobre la bahía de Brooklin, con un público enmudecido y estupefacto apostando que no podrá, que caerá. Pero mi alma tiene la firme, la absoluta certeza de que no, de que podré, de que no caeré, de que caminaré por ese cable indefinidamente, aunque dé varias veces la vuelta al mundo, a través de los eones, odiando no estar en uno u otro lado, odiando no poder abandonarme y tener que mantenerme alerta, con las aletas de la nariz estiradas; odiando que siempre vaya a ser asi, por los siglos de los siglos.
jueves, febrero 14, 2013
El cuarto oscuro
La habitación umbría y seca había estado siempre ahí, a través del tiempo, del espacio, sola y feliz. En su soledad, era capaz de imaginar el mundo afuera tal y como le placiese, con las formas y las dimensiones perfectas, con las sensaciones, los sabores y los tonos exactos. Ficticios, programados, se ajustaban a su ideal, y podía continuar ahí, día tras día, silente y reposada, con los ojos cerrados. Los muebles siempre en el mismo lugar, sin apenas acumular polvo. Las muñecas, los libros, con la vida por dentro y una tranquila expresión mostrada en su aspecto indeleble, intemporal.
Y un día sucedió.
Una pequeña piedra arrojada, seguramente, por la mano de un chiquillo travieso, rompio un cristal negro de la ventana. Y por aquel marco cuadrado, pequeño y bien barnizado, entró un ángel. Era como un rayo de luz blanca, pura y limpia. Si se miraba su interior, podían verse millares de pequeñas motas de polvo que saltaban y bailaban sin parar y, escuchando con atención, se las podía oir riendo, cantando. El cuarto, confuso y sorprendido, se asustó primero, pero luego no pudo hacer más que echarse a reir y abandonarse. Y el ángel lo inundó con su luz transparente, tocando todos y cada uno de los rincones, los muebles, las muñecas, los libros. Toda la estancia se llenó de colores, que ya no eran los que aquel haz luminoso reflejaba al ser atravesado por el sol, sino los propios colores de la habitación , recién descubiertos, revelados en todo su esplendor. Y el ángel se entretuvo en hacerlos brillar y resplandecer uno por uno, para que el cuarto supiera que los tenía y que podía presumir de ellos. Y ya nunca volvió a ser un cuarto oscuro.
jueves, diciembre 20, 2012
Usted disimule
El fin del mundo me pilló sin un duro y con las manos en los bolsillos. De modo que, sin sacarlas, caminé por la calle adelante pensando en otros tiempos y otras personas, mirando el cielo que se iba ennegreciendo por momentos. Qué me llevaba? Poca cosa; sensaciones, sobre todo. Caricias, besos y palabras dulces. Risas, chistes. Lágrimas, rabia, impotencia. Nada que hacer ante casi nada, sólo ver venir lo que era inevitable. Ni siquiera tuve tiempo de pensar si había valido la pena, porque todo fue muy rápido. Sólo me acuerdo de ese dios maya, en el centro del sol, sacando la lengua.
sábado, noviembre 03, 2012
miércoles, octubre 24, 2012
El hombre de Berlín
Y después de ver las suelas de sus zapatos mojadas, decidió seguir andando. Ponerse de puntillas para no estropear los calcetines era de cobardes, y echar a correr, de temerarios. Lo mejor era, con mucha diferencia, hacer como que no pasaba nada, pensó, o al menos que fuera eso lo que otros percibiesen. Él podía seguir así indefinidamente, caminando con aparente dignidad, con el agua a la altura de los tobillos, sin mudar el gesto. Mientras, su cerebro continuaría buscando posibilidades, soluciones, nuevos amaneceres y, sobre todo, se concentraría en el momento de llegar a casa. No sería ahora, ni luego, ni mañana. Pero terminaría por llegar a casa, eso era seguro. Y entonces podría secarse los zapatos, quitarse los calcetines, ponerse ropa seca y sonreir, mientras las noticias hablaban y los vecinos continuaban discutiendo.
viernes, octubre 19, 2012
Las maracas de Machín
Que se hunda el mundo ya. Que vaya empezando a darnos igual. Gritemos hasta que nuestra voz, intensa, verdadera y contundente, nos rompa las cuerdas vocales, las cuerdas que nos atan, las cuerdas contra las que estamos, y reventemos en todas direcciones, pasando mucho de quien tenga que venir después con la escoba. Celebremos un botellón dionisiaco y disfrutémoslo como niños en una montaña rusa, caigamos, subamos de nuevo para volver a caer, sólo por el placer de sentir el estómago a la altura del esternón. Comamos, bebamos, hagamos el amor, porque todavía nos amamos. Dilapidemos nuestras fuerzas, y durmámonos con el bendito, infinito cansancio pintando una sonrisa en nuestra boca. Estamos vivos. No lo olvidemos nunca.
Nubes
Hubo un día en que lo vi claro, que hasta aquí. Que cumpliría sesenta, o setenta, o los que sean, y haría mutis por el foro y nadie, absolutamente nadie, sabría mis contraseñas para acceder a los secretos que dejé atrás. Entonces me di cuenta de que no era tan importante la casa, ni siquiera las personas, que crecen y se van. Vi que lo más importante, lo que más viva me hubiera hecho sentir, lo habría perdido. Sentimientos de nobleza, de honradez. Todo muy correcto, muy bonito. Y la sangre, los latidos, las tormentas de imágenes y sensaciones, todo eso, se habría obviado como si fuera lo de menos. En pos de otras cosas. Un engaño, una mentira. Una vida que se retroalimenta en el vacío. Y lo valioso, lo genuino, perdido, olvidado, abandonado, como si no hubiera existido, pero sin dejar de latir, de gritarme "estoy aquí, que te enteres, y no me voy". Y no se va. Y no se va. Y no se va.
domingo, octubre 07, 2012
Tempo
La Tierra mide doce mil setecientos cincuenta y seis kilómetros de diámetro, y tarda veinticuatro horas en dar una vuelta sobre sí misma. Es decir, que nuestros días son una cuestión de dimensión. Todo se basa en la rotación y traslación de la Tierra, lo que tarda en rotar sobre sí misma y alrededor del Sol. De ahí las estaciones y la duración de nuestros años.
Los fenómenos atmosféricos consisten en el movimiento de las corrientes en las diferentes capas gaseosas que cubren la Tierra.
Y, a partir de ahí, nosotros filosofamos. Se nos ocurren mil chorradas sobre lo imperecedero de las cosas y las sensaciones, sobre la implacabilidad del tiempo, que pasa sin esperar por nadie; sonreimos con suficiencia porque ya lo hemos entendido, porque ya sabemos que siempre ha sido así, porque a nosotros nadie nos pilla ya de nuevas, con toda la experiencia que tenemos (qué listos somos). Inventamos ecuaciones imposibles, decimos muy seguros que hemos dominado la naturaleza. Esa naturaleza que, de vez en cuando, pone un volcán en erupción y envía cuatro ciudades a hacer puñetas, con todos sus centros de investigación y sus universidades de filosofía, y sus institutos geológicos para la detección de volcanes. Y sigue girando la Tierra, implacable, porque no lo es, porque es un planeta que está ahí y gira por inercia, porque todo lo nuestro le es tan ajeno como a nosotros lo suyo.
jueves, octubre 04, 2012
Los muertos no bailan
Sin sentir ni padecer, el dependiente del supermercado arrastraba la mopa por los ya limpios, inmaculados pasillos, entre cajas para reponer género, carros de clientes y niños que corrían en pos de sus madres. Ni siquiera tenía cara de bobo; para eso había que estar pensando en un beso, en el sabor del último helado o en la minifalda de la vecina. No podía, de hecho, decirse que tuviese cara. Estaba ahí, con su mopa, en mitad del camino de uno, estorbando, mientras trataba de llevarse por delante no se sabía qué. Y pensaba yo que ahí seguirá mañana, y pasado, y todos los días. Él y su mopa. Y su cara sin cara. A lo mejor está muerto, pensé. Igual es un adorno friqui del súper. Y me marché, sintiendo como la sangre corría por mis venas; por las mías sí. Eso me hizo sentir importante. Pero, al llegar a casa, hice lo mismo de todos los días. Entonces caí en la diátriba cartesiana: ¿Estaré muerta yo también? ¿De qué voy, haciéndome la interesante? Qué pedante me siento a veces.
lunes, septiembre 24, 2012
Noviembre
Ya era hora. Recogerse en casa después de salir de trabajar, ver el cielo oscuro, entrar en la penumbra y encender la luz mortecina que le da a la estancia un color amarillento. Hace un frío que pela, pero ahí está el calefactor, con más buena voluntad que resultados. Encenderlo, acercar las manos. Poner la tele. Muchas personas hablan a la vez, aturden. Mejor un buen reportaje, que al menos habla sólo uno, y las imágenes relajan. Las pantuflas, el sofá. Un plato caliente. Abrir la boca despacio, notar la textura, la temperatura alta, casi insoportable. Una sensación fuerte que duele, pero que hace reir. Otoño. La manta, el calorcito, el zumbido en las orejas, el sueño. Otoño otra vez.
sábado, abril 28, 2012
Una de las últimas tardes de Abril la humedad hacía sudar las piedras que alfombraban la calle. Ninguna fuente de aguas transparentes dejaba oir el son del agua corriendo, ofreciendo la esperanza de una llegada, de una saciedad. Sólo el largo corredor que crecía delante hacía pensar en la intemporalidad, y pronto parecía que, mirando hacia atrás, ya no se iba a ver otra cosa sino la calle, la misma calle de piedras brillantes, mojadas. Pero apetecía seguir caminando, por inercia o sin ella, daba igual. La sensación no era desagradable,. ni daba miedo. Caminar sin más el sendero peligroso, las suelas resbaladizas, las casas flanqueando, un supuesto horizonte de fachadas que no acababa de materializarse. A veces era algo desesperante, vacío. Pero a los pocos pasos parecía nuevamente que el final estaba cerca, que las suelas iban a aguantar. Y de nuevo se veía el horizonte lejos, y volvía a parecer peligroso el camino. Pero es que había que caminarlo. Siquiera extender una mano hacia un lado, apoyarla en la pared para recordar que estaba ahí, aunque uno no la mirara ni la tocara. Pero estaba, y podía uno confiar en que, en cualquier caso, siempre ofrecería un soporte cuando el camino se hiciera insoportable. Tocar la pared, soltarla. Clavar los pies en el suelo, la vista al frente. Y caminar.
lunes, abril 02, 2012
El Cristo de las favelas
Impertérrito, físicamente por encima del Bien y del Mal, el Cristo Redentor observa callado, desde lo alto del Pan de Azúcar, la vida a sus pies. Verdugos, víctimas. Extorsiones, violaciones, asesinatos. Villas millonarias justo encima de las chabolas. Piscinas sobre charcas. Corruptos diferenciados tan sólo por la suerte. Ella determina quién vive en la villa y quién en la chabola. Ni una lágrima milagrosa en su rostro perfecto. Quieto, abarcando con sus brazos toda la miseria del mundo, sin ningún poder aparente sobre ella. Y bajo sus santos pies los niños siguen disparando a otros niños, las mujeres siguen siendo violadas, los chicos siguen traficando. Y todos le miran a veces. Unos para preguntarle porqué, otros para darle las gracias, otros simplemente porque está ahí.
lunes, octubre 10, 2011
Fratres
Lo que llega hasta lo más profundo del alma, como una cuerda vibrante in crescendo, que conmueve todo y todo lo hace vibrar, acelera la respiración, golpetea sincopadamente en el corazón y luego cae desnudando, abandonando, desamparando, dejando cualquier sentido pendiente de un hilo, con una tristeza infinita en lo más hondo, y prolonga el suspiro por lo que se fue, temblando, por el foro, sin que nadie lo viera. Golpes que pegan donde más duele, y siguen pegando hasta que sangra, y sigue sangrando hasta que la sangre se vuelve más clara, más líquida, y entonces fluye y fluye sin que sepa uno cuándo va a parar porque no importa cuándo.
sábado, septiembre 24, 2011
Ópera
El pequeño neutrino decidió darse importancia. Qué cara pondrían todos; las teorías de Einstein se irían al garete, y con ellas el orden del Universo. Comprendía que era esencial para la raza humana vivir sin miedo, y que la única manera de no temer era conocer, comprender. Sólo así se podía controlar, prever. Y por eso le había venido al hombre de perillas aquella estupenda ley física, corroborada cientos de veces desde los albores del siglo veinte. Qué bien. Ya tenemos un límite para la velocidad, ya podemos ponerle puertas al campo. El neutrino sonrió de lado, con una de esas sonrisas gamberras que sólo se ven en el cine. Él iría más deprisa que la luz, porque podía. Le sacaría la lengua a Einstein y después se pararía para ver la cara de memos de todos aquellos señores de bata blanca que se creían tan listos. Nunca, o como mínimo no enseguida, lograrían averiguar la causa. Imaginarlos así, desconcertados y asustados de nuevo, le divertía enormemente. No era maldad; es que él pensaba que era momento de poner las cosas de nuevo en su sitio. Así que tomó aire, se colocó en posición y echó a correr.
lunes, julio 18, 2011
Luna
Antes de la aparición del "flautista mágico" que Julio César ideó para convencer a sus tropas de que cruzasen junto a él el Rubicón, poniéndose muy a malas con Pompeyo y el Senado, Julio había pasado la noche mirándome a los ojos. Me preguntaba, preguntándoselo a sí mismo, si debía o no cruzar el río. Y yo, devolviéndole la mirada, no le dije nada, porque sé bien que los hombres que miran largo tiempo mi rostro buscan, en realidad, una respuesta que llegue desde dentro de su corazón. Por alguna razón, mi cara les permite ver esa respuesta. Lo mismo pasó siglos antes con Alejandro, poco antes de que le cogiesen las fiebres, cuando empezó a darse cuenta, tarde ya, de que sus generales eran demasiado ambiciosos. Han buscado mis ojos poetas, artistas de todas las especialidades, enamorados, muchachas. Y a todos ellos les he mirado yo, desde mi situación privilegiada, esperando con paciencia de madre que la luz blanca y redonda les devolviera el reflejo que se hallaba en su alma y que sólo podían ver en mí como en un espejo. Y ahí voy a estar siempre, noche tras noche, porque ese es el único objeto posible, la única vida.
viernes, octubre 15, 2010
Otoño y otoño
Todos dicen que el otoño es gris, de la misma manera que dicen que el rey es campechano, o que España es diferente. Mira estas hojas. No me las he inventado yo, ni las he arreglado con el fotoshop. En realidad, el otoño es tricolor. Lo vi un día, hace muchos años, que pasé el puente del Pilar en La Vall de Boí, cerquita de Sort, antes de que todo el mundo empezase a ir a partir de Septiembre a La Bruixa D'or a comprar lotería. Por aquel entonces no había nadie en esos lugares. Pueblos como Durro o Sort estaban prácticamente desiertos. Pocas casas, casi nadie por las calles. Y, de fondo, las montañas. Siempre recordaré aquellos colores: todo era rojo, verde y amarillo. Las hojas que nacían, las que ya habían nacido y las que estaban muriendo. Se metía uno dentro de aquellos colores. Yo era joven y no tenía deudas, ni tarjetas Visa, y tenía padre y madre, hermanos, amigos. Tenía por entonces una vida despreocupada y diferente, muy diferente. Pero claro, yo no valoraba aquello. Yo me quejaba por todo, como todo el mundo. Por eso, supongo, recuerdo tan bien aquellos colores. Rojo, verde y amarillo. Podía uno meterse dentro; de hecho, estaba uno dentro. Y no veías nada más. Millones de hojas que te envolvían, que te protegían y te recordaban que eras de ahí, que tu sitio estaba ahí. No en la ciudad, no en el asfalto. Tenías, te decían, que volver con ellas para quedarte. ¿Acaso no te sentías agusto? Claro, pensabas. Por eso volví, años después. Por eso estoy cerca. Por eso ahora sé que el otoño no es gris.
lunes, septiembre 06, 2010
Panamá
Seguramente nadie me mandaba meterme en berenjenales, como decía mi abuela, pero yo siempre fui muy amigo de la aventura, supongo que por pura inconsciencia y por extrema juventud. Los mosquitos son grandes como galeones de seis palos, malditos sean. Y qué decir de las arañas, las víboras, y toda suerte de bichas raras que abundan por este sotobosque que tapa nuestros pies hasta las canillas. Las plantas, de hojas grandes como la vela mayor, nos azotan la cara. Las charcas putrefactas de aguas verdes nos cubren los pies, que ya nunca volverán a ser los mismos al salir de ellas. He visto compañeros morir por picadas de bichos cuyo nombre no conoceré jamás, porque no están en ningún tratado de zoología. Pero el capitán Morgan quiere tomar Panamá, porque dice que así todos alcanzaremos la gloria. Quién me mandaba. La gloria que estamos alcanzando es la de estas ciénagas apestosas y estas arañas peludas, y todos los malditos insectos y plantas carnívoras de este asqueroso manglar. Los honores, si los hay, serán para él. A nosotros no nos darán sino una sarta de latigazos los españoles que nos atrapen en su fortín, si es que logramos sobrevivir a su ira. Maldita sea mi sangre. Ni el sol se ve desde aquí. Miras hacia arriba, y sólo ves verde. Y a esa sombra crecen estos endiablados especímenes que nos están matando. Sólo espero que acaben con el capitán antes que conmigo. Y si llego a ver los muros de la ciudad... Para qué me haría pirata.
lunes, julio 12, 2010
A mi padre
Tenías que haberlos visto. Tú te acordarás de Guardiola, que jugaba de centrocampista en el último Barça que conociste, ¿no? Bueno, pues le hicieron entrenador de los cadetes. Y ahí se juntó La Gloriosa; un grupo de chavales de infarto. Uno de La Pobla, que se llama Puyol, y otro que vive ahí en la esquina de Miguel, que se llama Xavi. Y uno de Albacete, de Fuentealbilla, que en casa le llamamos Don Andrés, y otro con cara de Sembrador de patatas, que se llama Piqué. Y unos cuantos más, entre ellos un argentino que, cuando lo vió Reixach, le firmó a su padre un contrato en la servilleta de un bar, porque el Charlie ha tenido siempre mucho ojo. Y esos críos subieron con Guardiola a primera, y la formaron. Lo ganaron todo, todo. Anda que no me acordé de ti, con lo forofo que tú eras. Hasta a los más escépticos se les caían las lágrimas con el pibito y con esa línea en el centro del campo, y con las filigranas de Piqué en la defensa. Seis copas, papá. Todas. Y el seleccionador nacional (Vicente del Bosque; te acordarás de él porque jugaba hace siglos en el Madrid), va y los llama a todos para la selección. En el campo, tres del Madrid (uno el portero; un genio), otro del Sevilla, y todos nuestros chicos, siete. Y el de Fuentealbilla marca un gol que se nos cayeron a todos los palos del sombrajo, a cuatro minutos de ir a los penalties. Y tenemos la copa del mundo, papá. Míralos, ahí los tienes, la está levantando Don Andrés, para que puedas tocarla.
lunes, junio 14, 2010
Felicidad
Nunca se me habría ocurrido escribir sobre esto tan cacareado, sobre lo que todo el mundo lleva siglos escribiendo una y otra vez. Pero creo que hoy es necesario. No voy a contar ningún rollo, tan solo repetiré lo que viene a mi cabeza cuando pienso en esa maldita palabra. Y es algo así: Suave, rojo, transparente, piel, ojos cristalinos, especias, carne poco hecha, pies, cielo, mar, arena, pasos acompasados, dulzura, penumbra, sueño, carcajada, niño, bombones, verano, luz, torrente, montaña verde, carretera, velocidad, nostalgia, sonrisa.
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