jueves, octubre 29, 2009

La memoria de los nuestros

Es la Muerte quien nos arrebata lo que conocemos, lo que nos ata a una realidad amable y gentil. Fotografías que congelan gestos, sonrisas (café...), que convierten en intemporal una imagen que, en el momento de apretar el disparador, ya pertenece al pasado. La máquina eternizó ese instante, pero ahora, justo después, esa misma persona ya se mueve, ya habla con otros, ya no podría, aunque quisiera, repetir con exactitud ese gesto. Eso es, claro que sí, lo que hay de siniestro en una fotografía. Que reveló sin más una realidad que se quedó obsoleta en el acto. Que ya no va a volver a existir. Y nos mira desde el álbum con una mirada vacía, lejana, y siempre nos preguntamos qué estaba pensando en ese momento, qué pensó justo después. Y no nos podemos contestar. Porque esa parte siniestra de las fotos nos dice que, aunque se haya tomado el cliché recientemente, ya hay algo diabólico en él, algo que va a sobrevivir para siempre a la persona, y que nos va a seguir mirando, desafiante, con ese pobre triunfo de los pequeños, cuando ese ser querido ya no esté.

lunes, agosto 31, 2009

Cielo francés


Todo se ve diferente cuando uno se va de vacaciones. Tu calle, tu casa, hasta tu perro, parecen tener otra cara. Es como si te dijeran que saben que te vas, que es inminente, y tú te sientes igual que un niño el último día de escuela. Es curioso cómo ( y por qué) todo cambia de forma. Dicen que hay cielos sorprendentes, cielos turquesa, cielos carmesí, cielos color calabaza al atardecer. Pero lo mejor es la posibilidad de ver otros cielos. Tránsito. Irse. Eso es lo esencial.

martes, agosto 04, 2009

lunes, agosto 03, 2009

Arcania



Nos despedimos como los hombres, con un abrazo firme, apretando los labios y ocultando la cara para que no se viese la lágrima espesa, gruesa y pesada. Un golpe fuerte en el hombro, una mirada lo menos reveladora posible. Y cerré la puerta, mirando hacia dentro por última vez. La sala desnuda, las pinturas que me miraban sin comprender. Supe entonces que quien viniese después se iba a encontrar en cualquier rincón con el filo del sable de Kasumi, o con Blacksad sentado, fumando en un rincón, mirándole fijamente. Que iba ver, al entrar al baño, alguna chica de Manara haciendo un strep-tease, o al Capitán Trueno matando turcos. Que un día no podría más y saldría corriendo despavorido, y, cuando nadie le creyese, ahí estaría Conan para demostrar de nuevo que sólo hay una verdad.

viernes, julio 10, 2009

Decálogo de la fe


1) La fe es real, indiscutible e incuestionable.

2) La fe se retroalimenta. No depende de cosas que sucedan o que no sucedan, existe en sí misma y para sí misma.

3) La fe se respalda en un Dios.

4) El Dios no es bueno ni es malo, es Dios. Nuestras escalas de valores de nada sirven con Él.

5) Es inútil rezarle o agradecerle al Dios. Nada cambiará por ello para bien ni para mal. El Dios seguirá ahí de todos modos, así como el curso de las cosas no variará para nosotros según actos de ese tipo.

6) La fe y el Dios dan fuerza y sentido a las cosas tan solo por el hecho de estar ahí.

7) No importa porqué ni para qué, ni cuándo ni cómo. Nada importa. Lo único importante es estar sobre ese acantilado y poder cerrar los ojos y dar un paso al frente.

8) La fe no debe ser interesada, debe ser sólo fe. Cualquier cosa que se haga por inercia o por agradar a un Dios no tendrá valor alguno. La fe sólo puede existir si es real, y sólo es real cuando no es racional.

9) La fe debe ser inquebrantable. Nada que suceda puede, para bien o para mal, mutarla en ningún sentido. Si esto sucede, no es fe.

10) Todo esto puede ser mentira, pero es mejor que no lo sea.

miércoles, mayo 20, 2009

El bostezo


Arturo Mendoza salió de su casa, como cada día, a las siete en punto a.m., con la diferencia de que esta vez había dormido mal. Con demasiadas cábalas rondando por su cabeza, su sueño había sido pesado e inconstante, así que salió de casa con un sopor que volaba a su alrededor como una nube de gas. Una chica joven que iba al instituto se quedó mirando su cara lánguida, sus párpados inflados tras las gafas. Y, en ese momento, Arturo Mendoza bostezó.

Ana Vila iba al instituto del barrio, como cada mañana. Salía de casa muy temprano para llegar pronto, para que la gorda Josefina no le quitase la silla. Y es que Josefina, además de ser gorda, tenía muy mala uva, y no permitía que nadie le llevase la contraria en nada, y de ningún modo iba a moverse de su silla por más que estorbase con su gran cuerpo a las lagartijas que se sentaban detrás. Y Ana era una de esas lagartijas, además de no oir muy bien, así que necesitaba sentarse delante. No tenía ya sueño; la ducha matutina le había sentado genial, como siempre. Pero el bostezo de Arturo Mendoza no la dejó indiferente. Y, justo al cruzarse con una mujer que llevaba un traje de chaqueta y un cochecito con un niño dentro, Ana Vila bostezó.

Aurora Fernández salía cada mañana algo nerviosa de casa. Era importante ser puntual en la empresa; bajo ningún concepto podía llegar después de Jorge, su compañero y competidor para el puesto de director de departamento. Pero Aurora, a diferencia de Jorge, tenía un hijo. Y claro, el niño tenía que desayunar e ir bien arregladito a la guardería. Por eso Aurora corría mucho por las mañanas, para tener tiempo de vestirse, desayunar, vestir al niño, llegar a la guarde, salir corriendo a la oficina, y llegar antes que Jorge. Ni siquiera se fijó en Ana Vila, cuando pasó a su lado bostezando. Pero su hijo sí lo hizo.

Ariel Eisen estaba en España de incógnito. La CIA le había pedido su colaboración una vez más para mediar con un influyente personaje palestino. Era imprescindible llegar ya a un acuerdo de paz, y el precio era casi lo de menos. Se trataba de lavar la cara de Israel, y desde luego, la de Estados Unidos, que eran prácticamente acusados de colaboracionismo con los israelíes en la prensa, y eso era algo que no interesaba en absoluto. Así que ahí iba Ariel, en el asiento trasero de un discreto coche de cristales oscuros, de camino hacia su importante reunión con un hombre que, en el último año, había ordenado inmolarse a muchos niños en nombre de Alá. Mirando la calle, reparando sin apenas ver detalles en esta o aquella cara, sus ojos se cruzaron de pronto con los de un niño pequeño que, mirándole sin curiosidad, abrió de pronto su boquita tanto como pudo, en un gran bostezo.

Mohammed Yossuff daba vueltas por la habitación del hotel de lujo como una fiera enjaulada. Eisen tenía fama de diplomático, de escuchar y todo eso, pero él sabía que no era sino un perro a sueldo de los americanos. Y, desde luego, no iba a consentirle que, con tres sonrisitas y un par de palmadas en el hombro, le despachase como si tal cosa y todo siguiese igual. Yossuff quería un compromiso firme: Una retirada incondicional de tropas, o seguiría habiendo víctimas inocentes. Cuando Eisen entró en la habitación, Yossuff le miró de hito en hito: Como había imaginado; cara amable, traje de corte perfecto, nariz extra larga. Aún así, le dió la mano, y sin más preámbulos pasó a contarle sus exigencias. Ariel, todavía algo descolocado, miró a su contertulio a los ojos justo en el momento en que este hablaba ya de retiradas de tropas. Quiso evitarlo, se mordió la lengua, ensanchó al máximo los agujeros de la nariz, pero fue inutil; un gran, profundo, ruidoso bostezo, salió de su boca con la fuerza de un huracán.

Pocos días después, se acabó el mundo.

miércoles, marzo 04, 2009

El tambor


Hubo un momento en que se cansó de devolver los golpes en forma de ondas sonoras. Se había dado cuenta, ya hacía tiempo, de que se había quedado hueco. No podía ver amaneceres, ni campos, ni mares. No podía hablarle a Dios; nada le decía que siguiera ahí, o que alguna vez hubiese estado. "¿Quieres superhombres? No lo soy. ¿Quieres almas libres, que crezcan en la adversidad? La mía no te sirve entonces, porque es demasiado permeable. Yo creo que Niestche se equivocaba; lo que no te mata, te convierte en cartón". Me voy, pensó un día, y dejaré de resonar. Y se fue de noche, de puntillas, para no alterar el orden de las cosas.

jueves, diciembre 18, 2008

Magenta


¿Para qué necesitas poesía, si tienes el agua quieta pasando bajo el puente en la tarde? ¿Para qué, si todavía te acompaña el olor a salitre de un mar recosido por espigones de piedra? ¿No recuerdas el cielo turquesa, un cielo que duele de lo azul, los pastos verde esmeralda, los recios sillares de piedra de construcciones milenarias? ¿No atesora tu corazón, acaso, el tacto de pieles de seda, de besos que arrancan el alma, de lava volcánica derramándose por fuera, por dentro, por todas partes? ¿No percibes con orgullo la chispa de energía en tus ojos entre tantos ojos muertos, en tardes blancas y grises junto a pieles envejecidas, ajadas, sin esperanza, viviendo sus vidas de papier machê? Pellízcate. Respira, siente el aire. La vida tiene la hermosa costumbre de devolver la sonrisa a todo aquel que le sonríe.

miércoles, diciembre 17, 2008

Domingo


Cae como el plomo sobre las azoteas al comienzo de la tarde, dejando una nube invisible de asco, de aire caliente que se evapora desde las tejas, desde el asfalto, siempre hacia arriba, pero sin llegar. Justo a la altura de la nariz, se nota su presencia en forma de brisa irrespirable. A medio camino llega el canto de una chicharra, pero no lo es, es sólo algo que lo parece, que lo imita, pero algo muerto, que acompaña con su sonido la quietud exasperante, la parálisis que parece haber sufrido el cosmos. Ni un alma, ni un espíritu. Ninguna sonrisa (¿quieres más café?), ninguna voz, salvo el comentarista deportivo que retransmite un partido de fútbol por televisión. No hay niños, ni perros, ni mujeres. Sólo hombres demasiado solos, miradas femeninas clavadas en el techo, medias sonrisas infantiles que no dicen nada, ni siquiera que no tienen nada que decir. Despierta.

viernes, noviembre 21, 2008

Hojas muertas

Me gustaría escribir algo perfecto, lo mejor que haya escrito nunca. Algo como la carta de Pablo de Tarso a los corintios: "Aunque tuviera el don de la profecía, penetrara todos los misterios, poseyera toda la ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor nada soy". O como el comienzo del Eclesiastes: "Vanidad de vanidades, porque todo es vanidad. No hay nada nuevo bajo el sol". O como aquel poema de Pablo Neruda: "Puedo escribir los versos más tristes esta noche; escribir, por ejemplo, la noche está estrellada (...)". Pero lo mejor está ya escrito, y es imposible emularlo, y ridículo tratar de imitarlo. Leamos, pues, en lugar de escribir. Conozcamos los libros que nos desvelan secretos del universo, o de un pueblo de dos mil habitantes, o de la pequeña alma de un pastor, o de un científico de la NASA. Es posible que no escriba más, o que, si lo hago, lo haga para mí, sin pensar en cómo queda, qué aspecto tiene, si suena o no bien leído en voz alta, si tiene sentido, si es divertido o no lo es. Es posible que ya sólo lea, porque soy incapaz de dejar de poner tildes en sólo cuando quiere decir solamente, y eso demuestra que ya perdí el tren. Es posible que me dedique a acumular riqueza en lugar de gastar el poco talento que pueda tener, por puro hedonismo. A lo mejor es simplemente la tristeza de entrar día tras día en este blog vacío.

martes, noviembre 18, 2008

Y más


Supongo que procedería decir cosas del tipo "desde el meridiano de mi vida, miro hacia atrás y veo un piélago de sensaciones, todavía no olvidadas...", o alguna chorrada por el estilo. Pero prefiero quedarme con algo como que todavía puedo mirar de frente, sin problemas, a la niña que fui, a la adolescente pedante, a la mujer de la sonrisa, y claro, veo a la madre que busca constantemente el norte, y también veo el corazón que quema y que espera, y sigo sintiéndome al principio de un montón de caminos, y, como Alicia, me paro a mirar los letreros de "¿Por aquí?" y ¿"Por allá?". Poco más, salvo continuar pasando el puente; eso sí, sin perder de vista el mar a los lados y debajo, y el horizonte al frente.

lunes, noviembre 10, 2008

Tokyo


También podría mirarse, o a lo mejor debería, sí, sin duda, desde abajo. Desde los barrios pequeñitos y cuadriculados. Dicen que en Japón hay ciudades trazadas a cuadros, como un tablero de go. Así será, sin duda, más fácil orientarse, siempre que se tenga un mapa en la mano, claro, porque es muy, muy grande. Tiene un río, como cualquier ciudad que merezca la pena. Pero quién entiende lo que pasa en Tokyo. Quién puede comprender esas tonalidades, esos colores distintos en cada espíritu, y ese color homogeneo que los une a todos cuando es menester. Yo, desde luego, no. Pero no importa. Mejor paseamos, alzamos la vista, o la bajamos, según el barrio. Y nos vamos a comer sushi.

Algunos niños nacen en Nueva York


No sé si puede ser una sensación cálida o fría, o si da igual. Demasiado al norte, quizás, y nunca hace mucho calor en verano. Ninguna personalidad, o toda. Las calles cochambrosas y miserables, las avenidas que hacen enmudecer de asombro. Personas y números. Un chiquillo corriendo, un broker con zapatillas, una negra con un carrito de la compra, una ejecutiva vestida de Versace. ¿Ninguno mira al otro? Probablemente. Demasiadas cosas para ver, como para fijarse en el vecino. Demasiada soledad, a veces, como para no hacerlo. Todo lo hermoso y todo lo espantoso del alma se citan en Nueva York. Al menos, eso es lo que pensamos los que no sabemos por qué necesitamos hablar de ella, ya que, de hecho, no hemos estado ahí. Qué tendrá, o que nos habrán dicho que tiene. Magia, seguramente.

jueves, octubre 30, 2008

Soneto


Taimada, con sigilo y despaciosa,
acercose la zorra al hormiguero,
preguntándose en nombre de qué fuero
la vida de la hormiga era tan sosa.

Salió una obrera, y mirola ampulosa,
saludola quitándose el sombrero,
y le dijo: " Trabajo con esmero
por mi comunidad, noble raposa"

Y la zorra, mirándola sonriente,
compasiva giró sobre sus patas
y fue a buscar a dónde hincar el diente,

pensando:" Mejor va cazando ratas
que siendo de comunidad sirviente
y, por otros, tener que andar a gatas".

Desmontando a Lorca


Camina por el sendero, tris-tras, pisando la hierba alta. Detente un momento. Respira. Escucha. Una cigarra canta, cri-cri. Un buho madrugador comienza a ulular, uh-uh. El aire limpio desatasca la nariz, los pulmones, todas las venas, y la aorta y la cava. Túmbate. Deja que las hormigas corran por tu cara y te hagan cosquillas en las mejillas. Mientras, podrás escuchar mejor el cri-cri y el uh-uh. Si tienes suerte, se hará de noche, y entonces podrás ver las luces verde manzana de las luciérnagas, escondidas detrás de las hojas de zarzamora. No lo sabías, ¿eh? Las hojas son translúcidas, y puedes ver las pequeñas luces a través de ellas. Acaricia la madera áspera de los troncos. A lo mejor se te quedan pegadas las manos, por culpa de la resina, y no puedes despegar después los dedos. Pero seguro que da igual. Duerme, mientras las hojas y las hormigas, y el rumor de riachuelos lejanos, arrullan tu sueño. Duerme y no pienses en nada más.

Todo aquello que no me concierne


Corre, corre, corre, que es domingo. Corre, que no llegamos. Tenemos que comer en casa de los abuelos. Tenemos que llegar a la hora. Tenemos que irnos pronto para llegar a tiempo a casa. A tiempo de sentarnos en el sofá. A tiempo de mirar la tele. A tiempo de irnos a la cama, para ir mañana a trabajar. A trabajar para la Watching&Seeking, haciendo informes idiotas de mentiras muy falsas y refalsas, que no sirven para nada ni conducen a ningún lado, pero el mercado lo pide, porque siempre ha sido así, no importa mientras nos paguen. No tosas muy fuerte, no se vaya a romper nuestra vida de cristal de Bohemia. Camina despacio sobre ella, y no la mires fijo, porque lo que tiene el atrezzo es que no es sólido, que se viene abajo si sopla el viento, y entonces no queda nada, sólo las ruinas, el escenario lleno de trozos de escayola, y nuestras corbatas de Armani.

lunes, octubre 27, 2008

Se nos irá la vida en suspiros


Por todos los momentos que, cosidos, configuran nuestra realidad; por todas las lágrimas y todas las risas, y todos los olores, colores, formas; por todo lo que tuvimos y perdimos, y lo que nunca tuvimos, y lo que tenemos, y lo que tendremos; por lo que valió la pena y lo que no, por lo que la valdrá o la vale; por estar vivos, por respirar y poder seguir esperando enseñando los dientes, aunque sólo sea por llevar la contraria, brindemos.

jueves, octubre 16, 2008

El drakar


Sin lugar a dudas, lo más siniestro eran los largos maderos desde las volutas de proa y popa hacia abajo, curvándose y adaptándose a las anchas cuadernas en los extremos inferiores, y a las esbeltas esloras más atrás, desapareciendo en el mar casi completamente, como la hoja de un cuchillo hendiendo el agua sin dañarla, por fina, por afilada. No le hubieran hecho falta hombres fieros a bordo, normandos sedientos de sangre, conquistas y oro. Aún sin ellos, habría podido, con su terrorífica estampa, conquistar el mundo. Fueron muchos los años en que surcó los mares fríos, intrépido, sin temer por su aparente fragilidad, confiando en los vientos y en su firme estructura. Sembró el pánico tan solo con su silueta. Más tarde vendrían otros mucho más cobardes, necesitados de cañones y pesadas artillerías submarinas y antiaéreas, conducidos y gobernados por hombres de carrera, de libros, cuyo valor podría medirse únicamente por el calibre de los misiles que portaban. Pero ahora era el momento del drakar, que se deslizaba, majestuoso, por los océanos, como un augurio de muerte.

miércoles, octubre 08, 2008

Requiem

Anoche, antes de acostarme, pasé por esta habitación y me quedé mirando el pc. Por la tarde había visto Drácula, diremos de Cóppola y no de Bram Stocker, y se me ocurrió publicar una entrada. La titulé "Blood Teppes", porque el juego de palabras me pareció ingenioso. La encabecé con una foto de Vladislav III el empalador, pongámoslo con minúsculas, y comencé a escribir. Para hacerlo con conocimiento de causa, consulté la Wikipedia. Yo tenía entendido que el príncipe Vlad había sido un hombre como otros de su tiempo, sin sentido de la piedad, con un placer más bien enfermizo por la sangre, que se desbocaba cuando se trataba de vengarse de sus enemigos. Pero en la Wikipedia leí que había más. Por lo visto, el empalador no se reducía a sus enemigos. O, mejor dicho, cualquiera podía, de súbito, convertirse en enemigo suyo. Vlad Teppes empaló, quemó, masacró y descuartizó a personas de su propio pueblo por causas completamente peregrinas. Uno podía hablarle con la mejor intención, y acabar en lo alto de un palo. Uno y toda su familia, incluídos los niños pequeños. Por lo visto, sufrían bastante. La verdad es que anoche me dormí sin poder evitar imaginar niños muriendo torturados entre terribles dolores. De manera que suprimí el post, porque prefiero no ver esa cara cada vez que abra mi blog, y escribo este en su lugar para proclamar que Vlad Teppes no era un patriota, ni un hombre de su tiempo, sino un demente, un psicópata sanguinario que empalaba incluso animales mientras estaba prisionero, que disfrutaba sembrando el terror, y que dejó chiquitos a los propios turcos, que ya es decir. No es digno de encomio, ni de admiración, y tampoco deberíamos utilizar el dolor y el sufrimiento de los cien mil inocentes que asesinó salvajemente para inspirar ahora leyendas románticas y pacatas sobre vampirismo. Nadie le ha dedicado nunca una película o un libro a él, al verdadero vampiro, porque supongo que nadie le ha creído digno de tal honor. Y yo no le dedico a él este post, sino a los niños pequeños que murieron a sus manos. Que haya un cielo y un Dios para ellos.